Xaltocan, entre lo nuevo y lo viejo

Xaltocan vive una transformación histórica: de pueblo indígena con raíces profundas a territorio estratégico por el AIFA, el Tren Suburbano y la futura conexión hacia Pachuca. Pero detrás de la modernización también aparece una disputa por la tierra, el abandono municipal y el riesgo de que el desarrollo llegue sin justicia para la comunidad.

Daniel Elias Hernandez Lezama

5/8/20243 min read

Xaltocan, entre lo nuevo y lo viejo

Xaltocan, pueblo indígena perteneciente al municipio de Nextlalpan, Estado de México, con poco más de 10 mil habitantes, carga una historia profunda. Si nos remontamos a la época prehispánica, Xaltocan fue parte del antiguo sistema lacustre del Valle de México. Hoy, esa memoria histórica intenta volver a colocarse en el centro: recientemente la comunidad se inscribió como pueblo indígena, buscando defender una identidad que no puede reducirse a simple folclor ni a discurso oficial.

Pero esa historia choca de frente con la modernidad que trajo el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Aunque el AIFA pertenece formalmente al municipio de Zumpango, su presencia impacta directamente a Xaltocan por su cercanía territorial. Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el pueblo llegó incluso a paralizar obras vinculadas al aeropuerto por conflictos relacionados con la tierra. Después de negociaciones, llegaron inversiones federales, especialmente de la SEDATU, visibles en espacios públicos como la plaza principal. Sin embargo, el problema de fondo no se resolvió.

La situación sigue siendo crítica porque Nextlalpan, municipio al que pertenece Xaltocan, mantiene una presencia débil, casi nula, dentro del poblado. Las pocas obras visibles provienen principalmente del gobierno estatal o federal, no del ayuntamiento. Esta ausencia municipal se vuelve más grave frente al nuevo valor estratégico de la zona: el AIFA, el Tren Suburbano y el futuro ramal hacia Pachuca colocan a Xaltocan en una posición territorial privilegiada.

Ahí aparece el punto más delicado: las tierras comunales. Desde el poder municipal ya se percibe una lógica de ambición sobre las hectáreas de esta comunidad, cuyo valor económico puede dispararse si se concreta el ramal a Pachuca y la estación denominada Xaltocan II. Lo que antes fue visto como periferia rural, hoy se convierte en botín urbano, logístico e inmobiliario. La pregunta no es si el territorio vale más; la pregunta es quién se va a beneficiar de ese nuevo valor y quién será desplazado, ignorado o utilizado.

Nextlalpan ha funcionado históricamente con una lógica extractivista hacia Xaltocan: toma valor político, territorial y económico del poblado, pero deja poco o nada en infraestructura, servicios, ordenamiento o presencia institucional. Por eso resulta evidente la contradicción: un ayuntamiento ausente durante años ahora mira con codicia una comunidad que antes mantuvo abandonada.

La tensión también existe dentro de la propia comunidad. Xaltocan se resiste al cambio, pero no siempre desde una estrategia clara. Tras la construcción del aeropuerto y el reacomodo territorial de la región, la avenida Recursos Hidráulicos —clave para conectar el corredor de parques industriales de Tultitlán, Tultepec y Nextlalpan con el AIFA, Ecatepec, Tonanitla y Pachuca— fue cerrada por pobladores de un día para otro. Esa decisión dejó incomunicada a la zona de Santa Inés, una de las regiones más pobladas del municipio, con cerca de 19 mil habitantes, afectando su conexión con la cabecera municipal.

Y una vez más, el ayuntamiento brilló por su ausencia. No actuó como mediador, no ordenó, no explicó, no resolvió. Dejó que el conflicto avanzara como si no le correspondiera gobernar. Esa omisión es grave porque un municipio no puede aparecer sólo cuando hay tierra con valor económico y desaparecer cuando hay conflicto social, movilidad colapsada o comunidades enfrentadas.

Xaltocan tiene frente a sí un futuro brillante, pero también profundamente riesgoso. Puede convertirse en una comunidad estratégica dentro de la nueva región del AIFA, o puede terminar absorbida por intereses inmobiliarios, decisiones improvisadas y una modernización sin comunidad. Entre la mentalidad cerrada de algunos pobladores, la ausencia del ayuntamiento de Nextlalpan y la presión económica que ya rodea sus tierras, la duda queda abierta: ¿Xaltocan podrá apropiarse de su futuro o será devorado por él?

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